Archivo mensual: enero 2013

K en Praga

Cuando tenía once años hice un viaje a Munich. Las historias de este viaje que cambió mi percepción del mundo son interminables poco a poco las iré contando según vayan apareciendo.

Catra de K. Photo by marina carresi.

Carta de K. Photo by marina carresi.

Esta es la historia de mi relación con K una niña que conocí en Praga durante ese viaje.

Cuando estábamos haciendo las maletas mi tío y su mujer (de aquella época) con los que estaba pasando el verano en Munich prepararon varias de esas bolsas que hay para llevar trajes, ocultando debajo de los trajes un montón de chucherías y otras cosas que ahora no recuerdo, creo que eran cosas para comer, ropas etc, para llevar ocultas en el maletero del coche. En Alemania Oriental no había este tipo de productos así que los llevábamos como regalos para la gente con la que nos íbamos a encontrar. Con todas estas bolsas, creo que había tres o cuatro, preparamos el maletero del coche con el que viajaríamos a Praga para encontrarnos con una amiga de mi tía y su familia que vivían en Weimar (Alemania del Este antes de la caída del Muro de Berlín). Mientras pasábamos la aduana se palpaba la tensión, a mi me habían dado instrucciones de no decir ni pío, lo que hice muy obedientemente. Tras un superficial registro atravesamos la aduana y un mundo diferente se abrió ante mis ojos, por segunda vez (cuando llegué a Munich fue la primera). Era bastante gris, tengo que reconocerlo pero también tenía una belleza casi poética. Conocí a K y a su hermana pequeña P que venían con sus padres. K tenía doce años (creo) y era muy guapa tenía unos ojos azules despiertos y estaba llena de vitalidad. Recuerdo perfectamente que me llamaba mucho la atención su pelo. Lo tenía recogido en dos coletas atadas con dos hilos de lana violeta. Yo siempre había visto el pelo sujeto con gomas, por lo que esa imagen chocante para mis once años ha perdurado en mi memoria.  K estaba aprendiendo español, lo que me resulto impresionante dado que en España por aquella época, los últimos años de la dictadura, tenías suerte si en tu colegio aprendías los números y los colores en inglés. Por otra parte me resultaba inconcebible que viviera  en una parte del mundo de la cual no podía salir, simplemente no lo entendía; de hecho tuvimos que quedar en Praga porque era complicado ir a Weimar. En fin K sabía muy poco español y mi alemán era obviamente inexistente pero curiosamente nos entendimos a la perfección. Lo pasamos genial no parábamos de reír. Por primera vez en mi vida me comunicaba con alguien de mi edad que venía de otro país y hablaba otro idioma, era fantástico. Estuvimos solo unos días, no recuerdo si cuatro o cinco y luego ella empezó a escribirme para practicar su español y para seguir en contacto. No eran cartas especialmente brillantes, éramos niñas pero estaban escritas con cariño y las he guardado con el mismo cariño. Muchas veces me pregunto qué habrá sido de K.

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Cajajoyero.

Cajajoyero

Cajajoyero

Esta caja perteneció a mi madre y cuando ella murió una de mis obsesiones era quedármela. Cuando iba de camino a casa de mis padres no dejaba de pensar en que hueco iba a quedar vacío en mi alma si por cualquier razón hubiera desaparecido. Esta caja en su momento fue un pequeño joyero donde mi madre ponía algunos de sus abalorios, realmente no eran joyas sino broches con cristales brillantes de colores, colgantes variados alguna medalla y algún colgante o anillo que le habían regalado tras su participación en algún programa de televisión novela o teatro en los que había actuado. Como ya dije en mi introducción mi madre era actriz y llegó a ser bastante famosa en España ya que no paraba de trabajar en televisión y teatro y hay que tener en cuenta que por aquella época los años 60 – 70 solo había un canal de televisión. Pero en fin, como iba diciendo. No podía pasar mucho tiempo con ella pero cuando lo hacía me encantaba sentarme en la cama mientras la veía moverse sin parar arreglando cajones o cambiando cosas de sitio (yo he heredado esa peculiar inquietud) y le pedía una y otra vez que me contara las historias de esas “joyas” mientras miraba embelesada su juvenil belleza. Esta, para mi, preciosa caja de tela con sus dos pájaros de tonos marrones, rojos y verdes que construyen un nido representa de alguna manera a mi madre y su origen humilde. No sé exactamente cuantos años puede tener, pero este es un objeto valioso para mi y no entra en la categoría de los objetos de los que me voy a desprender.

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11 Septiembre

Ayer llegó el horror,

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Collage by Nick Franklin  photos by Marina Carresi 2010 and Andrea Booher 09-13-2001 in New York. Idea original MC.

la vida cayó,

caos y destrucción.

Lágrimas, lágrimas

y la triste sensación

de eterna perdida

repartida por los suelos

de la ciudad mágica.

Hubiera querido ir allí

para poder consolar

lo inconsolable,

entender el vacío

de ese desconsuelo.

Muchos años ya,

para mi fue ayer,

ayer la vida se paró.

Mi horror pegado al cristal

del televisor

atrapado por las vidas

imaginarias,

los gritos invisibles,

el dolor casi físico

y eterno de los que quedan.

Y luego el silencio,

y la venganza,

y el odio instalado.

Solo cuatro locos

arrastrando el terror.

Cuatro locos dejan su legado,

un mundo peor, mucho peor.

Marina 11 Septiembre 2012 

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Cajalata

Hablando con una amiga el otro día, intentaba explicarle porqué me resulta tan difícil deshacerme de los objetos. Para mí los objetos, no son sólo objetos,  sino  el vínculo, o mejor dicho la llave que abre pequeñas puertas de mi pasado. Así empecé a explicarle porque, por ejemplo, me resulta difícil tirar la caja que veis en esta foto. Hace años vivía cerca de donde vivo ahora pero aun así hay 3 o 4 paradas de autobús. Cuando vivía en la Plaza iba a menudo a comprar pipas a una pequeña tiendecilla que pertenecía (y creo que aun pertenece) a un hombre de una cierta edad que andaba con muletas debido a la polio. Era amable e inteligente y a menudo conversabamos sobre diferentes temas. Cuando me cambié de casa y sobrecargada de trabajo como estaba, me resultaba difícil acercarme hasta ahí pero aun así, y como el mercado está cerca, lo hacía cuando me era posible. El charlaba conmigo como antes y luego se ofrecía para llevarme a casa en su coche, cosa que a mi me parecía muy considerada de su parte dada la dificultad de su situación. Hace tiempo que no le veo, el tiempo es un bien escaso en este mundo en el que vivimos pero le agradezco enormemente su amabilidad. Cada vez que veo esa cajalata que era una de las cajas donde le enviaban las pipas, o las golosinas y que un día me dió, le veo a él y recuerdo esta historia.

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La Patera

La mirada quebrada,

el frío, las olas,

el hambre, la huída,

el futuro inexistente.

No puedo más,

no puedo más,

las olas se llevaron

al hijo de mis entrañas.

Sólo quería un futuro

darle un futuro a mi hijo.

No más hambre,

no más dolor,

no más muerte

enfermedad y miseria.

La mirada quebrada,

la vida rota,

las olas se llevaron

el futuro de mi hijo,

las olas se llevaron

mi futuro y mi esperanza.

Ahora…. un vacío

cae sobre mi alma,

un vacío lleno de olas

de silencio, de más silencio.

Ya no me importa,

ya nada importa,

las olas se lo llevaron

y ya nada importa nada.

     Octubre 2012

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