K en Praga

Cuando tenía once años hice un viaje a Munich. Las historias de este viaje que cambió mi percepción del mundo son interminables poco a poco las iré contando según vayan apareciendo.

Catra de K. Photo by marina carresi.

Carta de K. Photo by marina carresi.

Esta es la historia de mi relación con K una niña que conocí en Praga durante ese viaje.

Cuando estábamos haciendo las maletas mi tío y su mujer (de aquella época) con los que estaba pasando el verano en Munich prepararon varias de esas bolsas que hay para llevar trajes, ocultando debajo de los trajes un montón de chucherías y otras cosas que ahora no recuerdo, creo que eran cosas para comer, ropas etc, para llevar ocultas en el maletero del coche. En Alemania Oriental no había este tipo de productos así que los llevábamos como regalos para la gente con la que nos íbamos a encontrar. Con todas estas bolsas, creo que había tres o cuatro, preparamos el maletero del coche con el que viajaríamos a Praga para encontrarnos con una amiga de mi tía y su familia que vivían en Weimar (Alemania del Este antes de la caída del Muro de Berlín). Mientras pasábamos la aduana se palpaba la tensión, a mi me habían dado instrucciones de no decir ni pío, lo que hice muy obedientemente. Tras un superficial registro atravesamos la aduana y un mundo diferente se abrió ante mis ojos, por segunda vez (cuando llegué a Munich fue la primera). Era bastante gris, tengo que reconocerlo pero también tenía una belleza casi poética. Conocí a K y a su hermana pequeña P que venían con sus padres. K tenía doce años (creo) y era muy guapa tenía unos ojos azules despiertos y estaba llena de vitalidad. Recuerdo perfectamente que me llamaba mucho la atención su pelo. Lo tenía recogido en dos coletas atadas con dos hilos de lana violeta. Yo siempre había visto el pelo sujeto con gomas, por lo que esa imagen chocante para mis once años ha perdurado en mi memoria.  K estaba aprendiendo español, lo que me resulto impresionante dado que en España por aquella época, los últimos años de la dictadura, tenías suerte si en tu colegio aprendías los números y los colores en inglés. Por otra parte me resultaba inconcebible que viviera  en una parte del mundo de la cual no podía salir, simplemente no lo entendía; de hecho tuvimos que quedar en Praga porque era complicado ir a Weimar. En fin K sabía muy poco español y mi alemán era obviamente inexistente pero curiosamente nos entendimos a la perfección. Lo pasamos genial no parábamos de reír. Por primera vez en mi vida me comunicaba con alguien de mi edad que venía de otro país y hablaba otro idioma, era fantástico. Estuvimos solo unos días, no recuerdo si cuatro o cinco y luego ella empezó a escribirme para practicar su español y para seguir en contacto. No eran cartas especialmente brillantes, éramos niñas pero estaban escritas con cariño y las he guardado con el mismo cariño. Muchas veces me pregunto qué habrá sido de K.

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2 comentarios

Archivado bajo Historias de Papeles

2 Respuestas a “K en Praga

  1. Nory

    Marina, me gustó mucho “Amor a los objetos”, porque plasmas con mucha literatura muy bien, cuando un objeto se vuelve significativo; cuando actúan mecanismos impredecibles en que parte de uno mismo se encuentra en el objeto enriquecido por el sentimiento. Comparto contigo, que la pérdida de un objeto se nos puede mostrar como imposible de sustituir por nada mas en la vida.
    ¡Hermoso homenaje a tu madre!

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