El Cacharro de mi abuela

Entrada de la primera obra donde actué. Photo by marina carresi

Entrada de la primera obra donde actué. Photo by marina carresi

Esta es la entrada que conservo de la primera obra de teatro que hice. Creo que todo empezó porque una  ex compañera del instituto me dijo que en su grupo de teatro estaban buscando a alguien para uno de sus sketches. Me dijo si me interesaba ir a una prueba y a los dos o tres días ahí estaba yo haciendo una lectura para un personaje de una cantante de Opera retirada y venida a menos. Me tenía que subir a una mesa y cantar “Las Tardes de Ritz” y hacer una lectura de los diálogos del personaje. Les gustó mucho y me propusieron hacer otro personaje y algunos números musicales. Tenía diez y nueve años y me encantó la experiencia. Mis compañeros me recibieron con cariño y me ayudaron todo lo que pudieron a pesar de que no me conocían de nada. Conservo fotos y me acuerdo de ellos perfectamente. Hicimos la obra en la sala Cadarso, en  Clamores y en la Pza de Chamberí. Gustó mucho. Nuestro siguiente montaje fué un homenaje al cine que representamos en el Colegio Mayor Chaminade, era precioso. Trabajamos muchísimo pero conseguimos crear todo un espectáculo todos hacíamos varios personajes, unos hablaban, otros no. El personaje con el que más disfruté fue la “mamita” de Lo que el viento se llevó. Por esa época pesaba menos de 50 kilos así que me tuve que poner algo así como tres anoraks, varias faldas etc, pero sobre todo me lo pasé bomba imitando el acento del personaje y su actitud tan obstinada. En otra escena interpretaba a la secretaria de un actor retirado y amargado al que ella amaba en secreto. Ella recibe a un periodista que le va a entrevistar, una escena dramática y emotiva. Cantábamos, bailábamos y lo pasábamos en grande. Yo no lo sabía pero eso me abriría después las puertas para trabajar en la Compañía de Lola Herrera, pero eso es otra historia. Un día cuando llegábamos al ensayo ocurrió un suceso bastante penoso. Íbamos en el coche apretadísimos y A, que era el director, estaba intentando aparcar. A había cogido “la polio” cuando era pequeño y andaba con muletas. Hizo un movimiento con el coche para aparcar y un hombre absolutamente enfurecido, que por lo visto estaba esperando para aparcar también, salió de su coche y sin mediar palabra, aprovechando que la ventana de A estaba abierta le propinó un tremendo puñetazo. Todos gritábamos como locos pero no podíamos salir porque el coche solo tenía dos puertas y estábamos apretados como sardinas en la parte de atrás. Al final A consiguió salir y entonces fue cuando el hombre se dio cuenta de la situación y sin saber donde meterse pidió perdón en voz baja y salió corriendo. A tenía la cara hinchada y todos estábamos indignados ante la estúpida violencia de aquel hombre. Quitado este incidente fue una época estupenda, llena de creatividad y de ilusión.

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