El amuleto y la bruja de la escoba

La bruja y la escoba (la revés)

La bruja y la escoba (la revés)


Lucía estaba cansada, trabajando sin parar dando clases particulares de inglés y ayudando a su marido muchas noches a desentrañar enrevesadas traducciones de los temas más diversos desde cursos de gestión para ejecutivos hasta la minuciosa descripción de una silla. El mundo de Lucía era sin embargo mucho más fantástico y amplio que el de las cuatro paredes de su casa de cincuenta metros cuadrados, aunque eso hacía que su existencia estuviera siempre envuelta en una especie de esquizofrenia entre el mundo real y el “paranormal”. El barrio de Lucía era un barrio de gente de lo más diversa, un típico barrio madrileño con sus bares, su mercado, sus pequeñas tiendas. Empezaban a verse emigrantes que venían a buscarse un futuro en una ciudad donde la construcción se había hecho la reina del hormiguero dando trabajo a diestro y siniestro. Poco a poco iban apareciendo nuevas tiendas en el barrio y entre ellas un herbolario donde Lucía podía encontrar algo de comida para su marido, vegetariano convencido desde los dieciséis años y con pocas oportunidades en ese Madrid de los 90 de encontrar algo que llevarse a la boca que no fuera lechuga o tortilla de patata. Siempre interesada por los temas ocultos y algo supersticiosa, Lucía por esa época había encontrado un amuleto que le parecía curioso, atrayente y como siempre tenía por costumbre con los numerosos amuletos que había llevado a lo largo de su vida, no salía a la calle sin él. El amuleto en cuestión era un broche en relieve de la máscara funeraria de Tutankamon y ese día como cualquier otro se puso su broche y salió a la calle a hacer la compra. El herbolario fue la última tienda donde entró, sabía que ahí tenían unas latas de salchichas vegetarianas que a su marido le encantaban. La propietaria de la tienda era una mujer de aspecto agradable de unos cincuenta y tantos, rubia, de constitución fuerte y ojos azules. No era la primera vez que iba a la tienda a buscar las famosas salchichas pero tampoco se puede decir que tuviera una relación muy estrecha con la dueña del local. Había otra mujer comprando algo y Lucía estaba distraída mirando los productos que ofrecía la típica nevera de puerta transparente que suele haber en este tipo de comercio. De repente hubo una conmoción, un mosquito de tamaño de un pulgar había aparecido en la tienda, la dueña se transformo en una especie de loca como si veinte fantasmas hubieran entrado por la puerta y entre gritos y aspavientos se fue a buscar una escoba para intentar aplastar a ese terrorífico mosquito que se había colado en su santuario. Lucía estaba anonadada, cómo era posible que esa apacible mujer se hubiera transformado de esa forma y lo que era más alucinante ¿por qué estaba intentando matar al mosquito con el palo de la escoba? No le dio tiempo a pensar más porque el palo de la escoba aterrizó en su cabeza con tanta fuerza que le hizo tambalearse. Luego todo volvió a la normalidad, todo menos su cabeza. La mujer volvió a transformarse en una persona amable que le preguntaba cómo estaba y si le había hecho daño. Lucía medio mareada dijo que estaba bien y se fue a su casa. Cuando llegó se tocó la cabeza, notó una hondonada en el cráneo y se tumbó a descansar. Durante un tiempo no se podía explicar lo que había pasado en el herbolario pero un día investigando sobre Tutankamon descubrió que aunque murió por una infección cuando se le rompió la pierna, él ya tenía malaria. La malaria seguramente causada por una picadura de mosquito había debilitado su sistema inmunológico y fue de alguna manera la razón de su muerte. Lucía empezó a hacerse preguntas ¿qué vio esa mujer cuando apareció el mosquito que la llevó a ese estado de locura? ¿Por qué intentaba matar al mosquito con el palo de la escoba y no con el otro lado que hubiera sido lo razonable? Y es más ¿por que le sacudió ese golpazo en la cabeza que podría haberla dejado seca si no fuera porque su cabeza era más dura que la madera? Lucía decidió que lo mejor era deshacerse del amuleto, en cualquier caso no le había traído mucha suerte y si un amuleto no trae suerte no tiene mucho sentido llevarlo.

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6 comentarios

Archivado bajo Historias de Objetos

6 Respuestas a “El amuleto y la bruja de la escoba

  1. María Reyes

    Marina, eres una valiente y no necesitas AMULETOS pero sigue desarrollando tu creatividad para danos estos momentos que disfrutamos al leerlos.

  2. carlos

    estupendo, eres una estupenda cuenta cuentos apartir de ahora te llamare cuentista je je je

  3. Sara Lpez Carresi

    Yo no s que me pasa que intento darle a la estrellita dentro de tu blog y me salta una ventana ooootra vez para que me haga usuaria ooootra vez. Una vez lo relleno me dice que error de usuaria etcc. En fin que muy chula la historia y me acuerdo de cuando me la contaste!! besos

    El 1 de noviembre de 2013 19:08, marinacarresi

    • Estás dentro del blog. El comentario ha salido dentro del blog, esperemos que no te vuelva a pasar.
      Me alegro mucho de que haya gustado, ya sabes que doy mucho valor a tus comentarios y me hace mucha ilusión que lees todas mis historias. Besos

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