Desencuentro

Domestic Bliss by Matthew Vazquez

Domestic Bliss by Matthew Vazquez

La educación que recibimos hombres y mujeres en cuanto a las tareas domésticas es absolutamente frustrante. En general hablo de la gente de mi generación pero creo intuir que en las nuevas generaciones las cosas siguen un poco igual y en algunos casos, peor. Y no sólo con el tema doméstico. Si las jóvenes y no tan jóvenes de ahora hubieran visto como tenía mi madre y las mujeres de su generación la espalda y los pies por llevar tacones quizá se pensarían un poco más lo de los tacones de aguja. Pero volviendo al tema doméstico, se educa a las mujeres, sobre todo en este glorioso país para que no puedan encontrar descanso hasta que la casa donde viven esté limpia. No importa si trabajas fuera o no, no importa si estás agotada, si has dormido solo cuatro horas o si el periodo hace que tu mal humor y tu dolor te conviertan en una auténtica bruja, el salón está sin recoger y tú no puedes quedarte en paz si la caja de quesitos vacía no está en el contenedor de papel que le corresponde. Por supuesto esta actitud busca un reconocimiento por parte de la persona o personas con quién compartes la casa. Si compartes la casa con tu marido o pareja masculina ahí tenemos el conflicto porque a él le han educado para tolerar bastante más la suciedad y sobre todo el desorden salvo casos excepcionales y sobre todo le han educado para no ver ni registrar cuando está limpio o sucio. Su neurosis no está enfocada en la casa y su estado, como la de su mujer, su neurosis esta enfocada hacia el trabajo. No importan las horas que haya que estar trabajando, no importa lo agotado que esté, no importa si solo ha dormido cuatro horas o si le duele la cabeza o si el mal humor por la situación le hace convertirse en un bastardo exigente. El trabajo es lo primero. Para ella él es un workalcoholic sin remedio que no muestra ningún aprecio por su intento de hacer de la casa un sitio agradable donde descansar y para él ella es una neurótica irritable que le da demasiada importancia a algo tan insignificante como que el salón esté recogido. Para él ella es una obsesiva del orden y la limpieza y nadie va a morir porque queden tres platos y una caja de Kellogg’s vacía en el salón. Este sistema es un mal sistema y solo se puede cambiar desde la educación de los niños. Pero yo me pregunto ¿Cómo se va a cambiar la educación de los niños si ellos tienen en casa estos patrones que se repiten una y otra y otra vez? Es la mirada del mundo la que tiene que cambiar. Educar en que es importante que el trabajo este hecho sin matarse porque si no tienes una casa donde puedas relajarte no merece la pena tanto trabajo y viceversa, para qué es necesario que la casa este impecable si luego tienes un humor de perros porque no has podido descansar y todavía te queda trabajo por hacer. Para mi generación la única solución posible son los compromisos e intentar comprender porque actuamos como lo hacemos, pero para las nuevas generaciones sería muy bueno intentar algo diferente. No sé, supongo que vamos evolucionando, quizá me falta paciencia pero veo que todo cambia superficialmente y sobre todo con la crisis y la vuelta al “hogar” de muchas mujeres volvemos a las viejas costumbres. ¡Una pena!

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