Munich un Oasis en mi Infancia III – Aventura en el Lago

Un lago en BavieraLos fines de semana nos íbamos de excursión y eran siempre una aventura. En esta foto estamos con unos amigos de Ingrid y de mi tío, siento no acordarme de sus nombres aunque sí de ellos porque eran estupendos. Viajábamos en su coche, un coche gracioso amarillo tipo escarabajo descapotable que era muy especial, casi parecía de juguete pero zigzagueaba en las curvas como un caballo de carreras. Casi puedo recordar el aire azotando mi cara subiendo por esas montañas tan escarpadas con lagos de un verde azulado asomando a cada esquina. En otro de esos viajes por las montañas, aunque creo que no fue el de la foto, que hicimos en el coche de mi tío nos paso algo extraordinario que no he podido olvidar. Fuimos a casa de unos amigos que tenían un huerto. Estuvimos recogiendo fresas y disfrutando de un día fabuloso. Un rato después de comer y tomar una deliciosa tarta hecha con esas mismas fresas que sabían a gloria, es decir que sabían realmente a fresas,  se decidió que aprovechando el calor podíamos ir a nadar al lago. Nunca fui una experta nadadora supongo que es porque me caí a una piscina cuando era pequeña recogiendo las hojas de los pinos con uno de esos palos que tienen un circulo metálico y una red en su interior, y estuve a punto de ahogarme, pero eso es otra historia. Así que ahí estábamos en ese fabuloso lago disfrutando de un sol brillante y un calor que incitaba a meterse en el agua tranquila y brillante ante la mirada protectora de las montañas que nos rodeaban impasibles. Subimos a un barco para alejarnos un poco de la orilla. En el barco sólo íbamos mujeres porque el plan era ir al centro del lago desnudarnos y lanzarnos a esa agua refrescante y acogedora. Nadando entre risas y bromas, yo estaba algo tímida, pero ya me iba acostumbrando a los cuerpos desnudos que veía en revistas como Stern y España empezaba a parecerse a un lugar distante, sin color y aunque yo no era consciente por aquel entonces, sin libertad. De repente el cielo empezó a cubrirse de nubes y las luces de aviso de peligro que había apostadas en la orilla se encendieron. No recuerdo muy bien si alguien vino a avisarnos o si decidimos ponernos los bañadores y volver, pero mientras nos dirigíamos hacia la orilla empezó a llover. Cuando llegamos al embarcadero llovía más y más, así que volvimos a la casa, recogimos, nos despedimos rápidamente y ya bajo una lluvia que caía a cántaros, nos metimos en el coche. Estaba oscureciendo y emprendimos el camino de vuelta, empezaron los truenos y los rayos y llegó un momento que llovía tanto que tuvimos que parar el coche porque el limpia parabrisas no daba a basto y no se veía nada de nada. Aun así como estábamos lejos del lago, pero aun así, atónitos conseguimos ver como olas enormes surgían de lago como si el lago quisiera salir volando a ese cielo que solo hacía unas horas era azul y brillante. Ese día me di cuenta de que si no hubiéramos salido de ahí a tiempo, no hubiéramos salido nunca. Me di cuenta también de que la naturaleza es hermosa pero caprichosa y de lo frágiles que somos. Todo puede cambiar en un momento.

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