Archivo mensual: junio 2015

Los Libros de Ani y el Fuego de la Intolerancia 3 – Los amantes de los libros

Dedicado a Ana Adarraga y su fantástica librería ALIANA que hoy se ha convertido en la mejor librería de libros de cocina de Madrid y que en mi adolescencia fue mi segundo hogar.

foto cedida por la librería Aliana

Aní me regaló varios libros que conservo como un tesoro entre ellos, algunos de la colección de Pio Baroja y también conservó otros que muestran la huella del incendio, para que no se me olvide jamás lo que puede hacer la barbarie humana. La experiencia fue inolvidable, de ahí surgieron amores y desamores y sobre todo una idea de lo que puede hacer la solidaridad y el amor por un ideal. Mis amigas y yo tuvimos la suerte de acceder en plena adolescencia a la amistad de gente más mayor que nosotras, gente culta e interesante, los temas de conversación siempre giraban en torno a los libros y con ellos,  en la librería,  aprendí más que en el sistema educativo de la época, que era bastante penoso. Por supuesto que conseguimos abrir la librería y todos ayudamos para vender. Restauramos la librería en un tiempo record y Ani solo tuvo que contratar a un hombre que hacía un poco de todo, no recuerdo su nombre, pero recuerdo que era simpático y trabajador pero los chicos pintaron, se colocaron estanterías, en fin todo un trabajo que se hizo prácticamente en dos o tres semanas. La noche de Reyes celebramos la apertura comiendo el roscón de Reyes en la librería todos los que habíamos colaborado en la reconstrucción. Esta celebración se convirtió en una tradición y durante muchos años seguimos celebrándola. Mucho tiempo después quedábamos unos pocos y ya se celebraba en casa de Aní, incluso ya casada, mi marido y yo hemos ido a comer el delicioso Roscón con chocolate pero luego, ya se sabe, la vida nos fue separando y todo ha quedado en este fabuloso recuerdo de adolescencia.
Pero volviendo a 1977 no mucho después mis padres se mudaron de casa y yo obviamente con ellos. Aunque no era muy lejos, dos o tres paradas de autobús ya no era lo mismo. Para mí fue un disgusto terrible y aunque seguí viendo a mis amigos y continuaba yendo a la librería, no era la misma situación de tenerla a cuatro pasos de tu casa, peor fue dos años después que nos mudamos a un barrio en la otra punta de Madrid, para entonces sí que mi vida cambió por completo, pero eso ya es otra historia.

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