Archivo mensual: noviembre 2016

Clases de Inglés, croquetas y amistad

La educación para mi es algo sagrado, es lo que determina qué persona vas a ser. La educación te da la oportunidad de pensar y de tener un criterio propio. No importa si estás enseñando inglés, historia o física, tu obligación como profesor es hacer pensar a tus alumnos. Este es un homenaje a mis alumnos y a sus padres que apostaron por la educación.

Las deliciosas croquetas de Tere. Foto hecha por su hija Irene Sanz.

Las deliciosas croquetas de Tere. Foto hecha por su hija Irene Sanz.

  • Mira Marina, he preparado unas croquetas y como sé que te gustan tanto te he guardado unas cuantas ¿quieres un refresco o un café?
  • Gracias Tere, un refresco estará bien.

Cuando llevas horas dando clase de inglés en casas diferentes “te he guardado unas croquetas suena a música celestial”. Y con una sobrecarga de trabajo enorme, cuidando de varios gatos rescatados, dirigiendo teatro, trabajando en una revista para la enseñanza del inglés y durmiendo lo mínimo, suena mejor que música celestial, suena como si los mismos ángeles te hubieran preparado un delicioso plato de croquetas*, que además se parecen a las que te hacía tu abuela.

He dado clases de inglés en campamentos, clases de español a ejecutivos, clases de inglés a adolescentes que solicitaban profesores durante el verano para intentar aprobar en septiembre; pero lo que realmente ha sido importante para mi han sido un puñado de alumnas/os a los que he dado clases particulares. Ahora han crecido, algunos han colaborado con Nick y conmigo de formas diversas cuando empezamos la revista Think in English aportando sus ideas, sus fotos y su trabajo. Sin su cariño y su ayuda mi vida habría sido francamente difícil. A todos les conocí cuando tenían entre 8 y 14 años aproximadamente. Todos aprendieron inglés, a veces me pregunto cómo, porque cuando empecé a dar las clases yo no era ninguna experta, pero supongo que suplía mis deficiencias con el entusiasmo que intentaba transmitirles, de lo maravilloso que era poder comunicarse con gran parte de la humanidad. Sus madres eran adorables siempre ofreciéndome cariño, comida y con una paciencia infinita con mis constantes cambios de horarios y mi falta de puntualidad.

Mis alumnas/os estudiaron y aprobaron sus carreras de ingeniería, medicina, traducción, trabajo social, publicidad, periodismo, turismo; y sé que para la mayoría el saber inglés ha sido un factor determinante en su profesión. Sus padres entendieron que era un trabajo a largo plazo y de enorme constancia y aceptaron mi propuesta. Estuve impartiendo las clases durante años, asistiendo a como esos niños y niñas iban creciendo y convirtiéndose en mujeres y hombres. Tengo que agradecerles tanto a sus padres como a ellos que me dejaran participar en sus vidas y ser un poco su Mary Poppins particular. Pero yo aprendí mucho de ellos, de su implicación, de su ilusión; aprendí mientras les enseñaba y luego ellos me enseñaron, con una paciencia infinita el funcionamiento de este nuevo mundo de tecnología que tanto me cuesta y algunas cosas más. También me enseñaron que lo que hace que un niño/a aprenda no es que tú, como profesor/a sepas más que nadie, sino qué realmente te importe que esa persona que se pone en tus manos para aprender termine amando lo que le enseñas. Algunos/as han terminado siendo mis amigos y aunque ya casi no les veo  sigo en contacto con ellas/os viendo como se casan, o se emparejan, tienen niños, trabajan, luchan y viajan comunicándose con personas de todas partes del mundo. Me siento muy orgullosa de ellas/os,  de que hayan formado parte de mi vida, de todo lo que me han enseñado y de todo el cariño que me han dado. Desde este pequeño rincón de la galaxia quiero enviarles este mensaje de agradecimiento, mientras sonrío al recordarles, a todas/os ellas/os.

Noviembre 2016

* Aunque en el texto hablo de las croquetas de Tere, también estaba el delicioso salmón marinado de Mari y los sandwiches y otras delicias que me prepararon con cariño.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Tonterias de Marina

La Tristeza se hizo Gato

Mariano, mi gato. Photo by P A López.

Mariano, mi gato. Photo by P A López.

La tristeza se hizo gato y paseaba por todas las habitaciones de la casa.

Negro, negro, con toda la luz en tus ojos, como dos hojas verdes con agua.

Siempre enredando entre mis piernas, jugando con mis tobillos;  mi piel llevaba tus asaltos por las calles, surcos amorosos que dolían.

Te subías a las mesas y a las camas, y allí, teniendo mi ausencia por aliada, se entablaban batallas de uñas y madera. Y siempre perdías, ya eras viejo entonces, y con aire resignado te escondías detrás de las cortinas.

Eras como un gran beso negro, siempre triste, siempre ausente, con el dolor en cada movimiento.

Por las noches me gustaba mirarte acurrucado en el sillón. Tu mirada se perdía no sé donde, parecía que te ibas del momento, que no te tocaban nuestros ruidos. Permanecías así, quieto, inmensamente quieto, durante bastante tiempo. Luego volvías y estirándote como si hubieras dejado tus huesos en el recorrido, tomabas mi plato por asalto y terminaba mi cena y tu ayuno.

A menudo, la zapatilla de la abuela volaba por encima de tu cabeza, pero nunca aterrizaba entre tus orejas. Te gustaba incordiar a la “yaya” y que te persiguiera gritándote por toda la casa. En esos lances, siempre ganabas, quizá porque la abuela era más vieja que tú y te amaba más que nadie.

Eras un gato como todos, pero apenado como ninguno, negro, con todo el verde de tus ojos y con tu algo de loco.

Un día, al entrar en casa, los niños dijeron que te habías ido para siempre, la abuela me dijo que sufrías y habían tenido que sacrificarte.

Y esa noche, soñé un cielo para gatos, y cuando desperté, miré tus huellas en mis piernas y comencé a llorarte.

Nuria Torres Carrasco  1978-9

 

Este es el único texto que he publicado que no lo he escrito yo. Lo escribió mi querida amiga Nuria Torres Carrasco que pasó una temporada en mi casa cuando éramos adolescentes. Escribió este precioso y poético texto cuando mi gato Mariano, que llevaba conmigo desde que yo tenía 8 años,  murió.

Llevaba años buscándolo y por fin lo he encontrado y lo he transcrito con lágrimas en los ojos. No sé si lo escribió en el año 1978 o 79 pero lo guardé porque expresaba a la perfección la tristeza que nos invade  cuando muere  un animal que es parte de la familia.

Como no tiene título he usado el principio del texto como título.

Deja un comentario

Archivado bajo Historias de Gatos