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Laura Freixas y el Carnaval Mundano. “Todos llevan Máscara. Diario 1995-1996.”

Laura Freixas en la presentación de su nuevo libro en la librería Alberti, 2018. Photo by Marina Carresi.

Conocí a Laura Freixas en un festival de cortos realizados por mujeres argentinas en el Matadero. Me gustaron mucho sus comentarios sobre el cine realizado por mujeres y me presenté, le regalé una revista de las que hacíamos mi marido y yo, un monográfico en inglés sobre mujeres relevantes en la historia.  Fue muy amable y me dijo que próximamente se iba a celebrar El Día de las Escritoras en la Biblioteca Nacional. Fui el día indicado y llegué tarde pero pude escuchar las lecturas en la entrada junto a otras mujeres. Parecíamos niñas castigadas por llegar tarde a las que han dejado sin caramelos. Aun así me resultaron muy amenas; además me había imprimido los textos, por lo que pude seguir la narración con facilidad. Esperé a Laura y me dio su email, me pareció un gesto generoso.

 

La serendipia, que siempre está presente en mi vida, me hizo encontrar en casa un libro de Laura “Literatura y Mujeres” (Ed. Destino, Barcelona, 2000)  y me puse a leerlo inmediatamente. Un ensayo fundamental para entender la situación de las escritoras en España  a lo largo de la historia y como han sido encasilladas dentro de la “literatura femenina” impidiendo el protagonismo que se merecen. Volví a ver en a Laura en Mayo en el ciclo cinematográfico Poderosas organizado por la asociación Clásicas y Modernas (de la que  Freixas es cofundadora y presidenta de honor) y la Fundación SGAE. Era el primer día del ciclo y no era un buen día. Era un lunes triste y lluvioso. El largometraje “El último Cuplé” interpretado por Sara Montiel me resultó curioso pero antiguo. Me hizo pensar en mi abuela que cantaba todas esas canciones mientras cosía cuando yo era una cría, y me puso un poco nostálgica. La película era comentada por Nerea Pérez de las Heras acompañada de Laura que era la coordinadora del ciclo. El coloquio era ameno pero inesperadamente, un hombre mayor que conocía a Sara Montiel y la admiraba con fervor, desvió el análisis feminista  y el debate quedo un poco apagado. A la salida me acerqué a Laura y viendo que no estaba de muy buen humor, tenía que haberle saludado y ya está, pero mi timidez y nerviosismo me hizo hablar sin parar, cuando claramente no era el momento. Me fui a casa sintiéndome estúpida y pensando que mi admirada escritora nunca jamás me dirigiría la palabra. No fue así.

El mes pasado estuve en la presentación del libro de Laura Freixas Todos llevan Máscara. Diario 1995-1996.  Nunca había estado en la librería Alberti aunque había oído hablar mucho de ella ya que en los años 70 sufrió varios atentados fascistas. Tiene ese encanto que para mi resulta fascinante y familiar de las librerías con solera.  El espacio era algo reducido pero tuve  la suerte de poder sentarme ya que mucha gente se quedó de pie. Pude saludar a Laura y pedirle que me firmara su libro. Saqué algunas fotos y escuché muy atenta la presentación.

Laura Freixas con Marta Sanz y Luisgé Martín. Librería Alberti 2018. Photo by Marina Carresi.

La presentación a cargo de Marta Sanz y Luisgé Martín fue muy interesante y tenía un aire informal lleno de complicidades y bromas por lo que parecía más una charla entre amigos que una de esas sesudas y aburridas presentaciones que se dan en los ambientes literarios. Se habló mucho de la envidia como tema recurrente en la obra, de lo interesante que les parecía que la autora se sincerara en ese sentido y se habló de su honestidad al plantear esta cuestión. Por su parte Freixas explicó que ella ya no era esa persona, en el sentido de que su vida había cambiado radicalmente desde que escribió ese diario. En la presentación la autora habló también de la precaria situación de los escritores “el 90 por ciento de los escritores tiene otra profesión”, de que debemos combatir nuestra propia misoginia y de que con el tiempo había descubierto que como dice la escritora Belén Copegui  “la cuestión es hacer algo bien, no mejor que otro”.

Laura Freixas presentando su libro “Todos llevan Mascara”. Photo by Marina Carresi

Me he leído el libro y me ha parecido sensacional. Yo no soy una persona muy crítica pero sé lo que me gusta y lo que no, o mejor dicho, se lo que me impacta y me hace reflexionar y lo que no. Es un libro fundamental para cualquiera que como yo, quiera dedicarse a escribir. El tema de la envidia fue lo más comentado en la presentación pero para mí, aunque es de elogiar la sinceridad con la que habla de este sentimiento que la perturba, es sólo uno de los temas destacados del libro pero  su feminismo heterodoxo, su intento de complacer a su padre, y su trabajo constante luchando para encontrar el tiempo para escribir su segunda novela, dicen mucho de qué tipo de escritora nos encontramos en Todos llevan Máscara. Plantea todas las dudas y frustraciones a las que se enfrenta un escritor y a la vez hace un constante elogio al psicoanálisis “¿Qué haría yo, en que creería, si no conociera el psicoanálisis? Para mí es una filosofía de vida.” Habla con toda honestidad sobre su proceso creativo y todos los obstáculos a los que tuvo que enfrentarse para publicar sus libros. Desnuda su alma sin revelar prácticamente nada de su vida privada, aunque tampoco oculta algunos detalles que nos pueden desvelar, de forma autobiográfica, como era su vida en aquella época. Su matrimonio, sus excursiones en bicicleta o su amor por su pequeña hija.

El libro, que he subrayado profusamente, tiene innumerables frases extraordinarias. Me ha costado elegir, pero esta me emociona e inspira:

“Solo cuenta lo que escriba. Nadie recordará mis lágrimas, mis despertares difíciles, mis dilemas, mi cuenta corriente, mi nudo en el estómago, mi peregrinación por editoriales. Nadie, empezando por mí. Nada me consolará en la vejez (dejo a parte E. y nuestros hijos) sino lo que haya escrito. Nada existe ni permanece fuera de eso. Sólo por lo que haya escrito seré juzgada. Mañana: escribir.”

 

 

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Horas oscuras

 

Déjame llorar – Marina Carresi photo by Nick Franklin 1990

En las horas oscuras

un cuchillo de dolor

te atraviesa garganta,

atrapando tus palabras

en una red perversa.

 

Las perdidas te aplastan

como un bloque de cemento

del que intentas escapar,

corriendo sin moverte

fuera del tiempo,

atada al pasado

por un hilo invisible

sujeto a la tierra.

 

 Como funambulista ciega

 caminas por la cuerda

que soporta el frágil

suspiro de la vida.

Al borde del precipicio

contemplas el mar

y ves la vida pasando

lejos, lejos de ti.

 

En una inmensa pecera

de peces alocados

vemos a los demás

 a través de un cristal.

 Todo está en la pantalla,

todo delimitado

por una realidad de espejos

desvirtuada y falsa

en un mundo, vacio

de cálidos abrazos.

 

Quisiera no caer en el pozo

de los lamentos perdidos,

sé que saldré pero

ahora déjame llorar

por todo lo que dejé

en el camino,

déjame llorar

por lo que no pude cambiar,

déjame llorar por lo que fui,

déjame llorar por lo que soy,

déjame llorar, sólo hoy

déjame llorar.

Abril 2018

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Como no voy a quererte

Nick Franklin y Marina Carresi – Park Guell en Barcelona 1989

Contigo desapareció el caos.

Poco a poco arrinconaste

a los demonios

de mis pesadillas

más arraigadas, más atroces.

 

Contigo el mundo

se llenó de colores, de luz,

llevándose,

paso a paso, la densa

oscuridad que me habitaba.

 

Cómo no voy a quererte

si me has dado tanto;

a pesar de tus propias nubes

de tormentas heredadas.

 

Cómo no voy a quererte

si tu risa arrancó

mi piel de gris serpiente,

para convertirme

en águila de plumas blancas.

 

A pesar del desgaste

y el castigo de los años,

cómo no voy a quererte

si mi alma te ama

más que yo misma.

 

14 Febrero 2018

Para Nick

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La Palabra

Marina Carresi en la sala La Galera en Alcalá de Henares. Photo by Ana Lozano.

La emoción sin palabras,

es un perro prisionero

esperando que su amo

le saque a pasear.

 

La palabra sin emoción,

es un pez dormido

que busca la luz

para poder nadar.

 

La emoción

con palabras,

 un caballo desbocado

que el jinete

deberá domar.

 

Dame la palabra

y mi mundo cambiará

dame la palabra,

y así podré volar.

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La Deportista Patética 2 – Piedras y Patines

En la azotea de Barcelona dispuesta a luchar.

Mi segundo recuerdo fue ya a los seis años en mi primer colegio en Madrid, un colegio estupendo pero con una profesora de gimnasia muy poco hábil en sicología infantil, por decirlo suavemente. Se empeñó en que tenía que hacer el pino y hasta que no me di de cabeza contra el suelo, no paró la buena mujer. A partir de ahí las clases de gimnasia se convertirían en un suplicio en el resto de mi vida escolar. No es que yo fuera una niña débil ni asustadiza, en Barcelona me juntaba con mis dos vecinos y amigos para batallar a pedradas con los niños de la vecindad que, cual piratas, intentaban meterse en nuestra azotea trepando por el edificio en construcción que estaba emergiendo al lado del nuestro.

Pero la gimnasia y el deporte, eso ya era otra cosa. Para hacer más evidente mi lastimosa situación, mis mejores amigas eran unas extraordinarias deportistas, que iban a campamentos, nadaban de maravilla y me contaban sus aventuras en un velero en el que navegaban surcando las costas mediterráneas. A principio de curso volvían de las vacaciones saludables y tostadas por todos los lados, mientras que yo delgaducha y blanca como el pan de molde, durante las vacaciones leía sus cartas con envidia, imaginando que yo algún día llevaría una vida de aventuras y nadaría como una sirena.

Una de las cosas que si probé y  que no se me daba del todo mal, aunque tampoco del todo bien, era patinar. En la parte de atrás de mi casa, en la zona donde íbamos a jugar en el recreo de mi nuevo colegio, había cuestas por las que se podía patinar, así que me compraron unos patines sobre  ruedas tradicionales y aprendí. No corría mucho, pero estaba muy orgullosa de haberlo conseguido. Más adelante, tan animada estaba yo con el tema de los patines, que empecé a ir con mis amigas a patinar sobre hielo y poco a poco le fui cogiendo el gusto. Ahí estaba yo, imaginándome los aplausos de mis futuras competiciones, cuando un energúmeno de los que aparecían de vez en cuando haciéndose los chulitos de la pista, me pegó tal empujón, que acabé en el frio suelo, resbalando cual cubito de hielo hasta darme con la cabeza contra la parte de abajo del muro que rodeaba la pista. Ahí se acabaron mis sueños de patinadora y no volví a la patinar. Quizá debería haberlo intentado de nuevo, pero mi humillación y mi dolor de cabeza pudieron más que mi espíritu de triunfo. Patética, diréis, es posible, pero romperme la cabeza o una pierna no estaba en mi lista de prioridades en la adolescencia y eso de que me firmaran una escayola no me llamaba lo más mínimo.

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La Reina del Aljarafe

Photo Sara López Carresi

Sentada,
bajo este silencio
de estrellas brillantes
y esta paz de domingo
inmerecido;
te imagino, hermana
en tu terraza,
con la brisa
acariciándote el pelo
en tus pequeños momentos,
cuando el sol que abrasa
se ha dormido
extenuado de su ímpetu vespertino,
y has podido escapar
por unos instantes
de tu eterna lucha,
jugando y oteando
el horizonte, esperando
besos y abrazos
de tus amores fieles
para los que eres
la reina indiscutible.

Septiembre 2017

Dedicado a mi hermana.

 

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2014 Deshacerse de Objetos y Amar las Palabras

Timothy y los negativos. photo by marina carresi

Timothy y los negativos.
photo by marina carresi

Transcurrido un año desde que empecé este blog me parece oportuno hacer un comentario sobre lo mucho que esta significando para mí. El sentido crear el blog era ver si escribiendo sobre los objetos, que tenía en exceso en mi casa, podía empezar a librarme de ellos. Lo que ha sucedido ha sido toda una sorpresa. En realidad no he podido desembarazarme de los objetos sobre los que he escrito, ya que tienen un valor sentimental y emocional importante para mí, pero lo que ha sucedido curiosamente es que he empezado a deshacerme de otros muchos objetos que no eran tan importantes y que ocupaban mucho espacio y me iban asfixiando poco a poco.

La foto que veis la hice el día que decidí tirar los cientos de negativos de fotos que he hecho para mi trabajo durante los últimos 15 años. Teniendo un escáner ya no tenía sentido conservarlos pero ahí estaban, ocupando espacio como otras tantas cosas a las que poco a poco tendré que decir adiós. El gato que veis es Timothy, uno de mis gatos, que decidió ayudarme en tan ardua tarea.

Por otra parte, los poemas me están ayudando a expresar mis emociones más profundas en vez de dejar que estas me desborden y se conviertan en un dolor para el alma y junto con las historias en prosa me están ayudando a encontrar una forma de comunicarme con los otros, vosotros que hasta ahora habéis sido amables y cariñosos con mi trabajo. Animo a todas las personas a que prueben está fantástica aventura y escriban para descubrir cosas de si mismos y para compartir su mundo con los otros mundos que nos rodean. Me gustaría poder escribir más a menudo pero mis múltiples ocupaciones no me dejan el tiempo suficiente o me dejan exhausta. Aun así, intento estrujar el tiempo y escribir porque me da placer y me resulta fascinante que haya gente que quiera compartir ese placer leyendo lo que escribo.

Os deseo a todos un fantástico 2014, que se cumplan vuestros sueños más secretos y que sigamos compartiendo el amor a la palabra escrita que tanto nos ha hecho soñar.

Marina, Diciembre 2013.

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