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Yeats Society Madrid Poetry Reading – Lectura Poética de la Asociación de los Amigos de Yeats en Madrid

Yeats Society Madrid Poetry Reading – Judy Macinnes cantando – photo by Marina Carresi (la foto esta hecha con el ipad y no está bien, pero da una idea del evento)

El viernes pasado estuve en una lectura de poemas en inglés, interpretada por  “The Yeats Society Madrid”, en el café María Pandora en las Vistillas en Madrid. Me encantó. Los actores y actrices que leyeron los poemas (muchos de ellos de la compañía de teatro Madrid Players) lo hicieron con gran profesionalidad y entusiasmo. Estuvieron geniales. Los poemas eran, la mayoría de ellos bastante cortos y para mi sorpresa tenían en su mayor parte un enorme sentido del humor a excepción de las elegías de Seamus Heaney. De hecho, con varios de ellos, nos reímos a carcajadas; especialmente graciosos eran los de las escritoras Carol Ann Duffy y Wendy Cope.

Yeats Society Madrid Poetry Reading – Algunos de los actores que participaron en la lectura – photo by Marina Carresi

Los actores que participaron en la lectura fueron: Thisbe Burns, Daryl Buckley, Anne Lydon, James Devlin, James Duggan, Kate Marriage, Jim Trainor, Madeline Bellew, Julie Davies, John McClafferty, Bill Dixon, Liz Mason y Vicky Wright.Por último Judy Macinnes interpretó tres canciones a capella magníficamente, dos del poeta Robbie Burns y una canción tradicional irlandesa llamada The Parting Glass.

Los autores de los poemas eran:

El poeta escocés Robert Burns (1759 – 1796) también conocido como Rabbie Burns que escribía en escocés, también en inglés y se le conoce como pionero del Romanticismo. Nació en una familia pobre, fue un gran inconformista y apoyó a los revolucionarios franceses. Era un gran seductor y tuvo nueve hijos ilegítimos y cinco legítimos. Murió en la pobreza después de coger unas fiebres reumáticas por quedarse dormido en el camino a su casa después de estar bebiendo con sus amigos a los 37 años de edad.   

Rabbie Burns

Wendy Cope, nacida el 21 Julio de 1945 una total desconocida para mí pero el sentido del humor de sus poemas cómicos me hizo reír sin parar, y eso que al estar en inglés no lo entendía todo. Esta fantástica poeta paso quince años dando clase a alumnos de primaria antes de publicar sus libros y en el 2010 se le concedió la OBE Order of the British Empire.

Carol Ann Duffy poeta y dramaturga nació en 1955 en Escocia. Sus obras hablan de política, capitalismo y los problemas de la vida cotidiana  de forma lúcida e inteligente. Su humor se mezcla con la compasión de una forma muy moderna y su lenguaje es tan real que nos podemos identificar fácilmente con sus poemas. Fue nombrada Poeta Nacional (Poet Laureate) en el 2009.

Seamus Heaney 1939 – 2013 era un poeta, dramaturgo y traductor irlandés que obtuvo el premio nobel en 1995. Nació en Irlanda del Norte y fue el primero de nueve hijos. En 1957 Heaney viajó a Belfast para estudiar Lengua y Literatura en la Queen’s University de Belfast. En 1966 fue nombrado profesor de Literatura Inglesa Moderna en esa misma universidad. También en  1966 publica su primera gran obra Death of a Naturalist. In 1985 Heaney escribió el poema “From the Republic of Conscience” (uno de los poemas que escuchamos en la lectura) a petición de Amnistía Internacional de Irlanda. Este poema inspiró  el título para el mayor honor dentro de  Amnistía Internacional el de Premio Embajador de Conciencia.

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La Palabra

Marina Carresi en la sala La Galera en Alcalá de Henares. Photo by Ana Lozano.

La emoción sin palabras,

es un perro prisionero

esperando que su amo

le saque a pasear.

 

La palabra sin emoción,

es un pez dormido

que busca la luz

para poder nadar.

 

La emoción

con palabras,

 un caballo desbocado

que el jinete

deberá domar.

 

Dame la palabra

y mi mundo cambiará

dame la palabra,

y así podré volar.

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La Deportista Patética 4 – El Caballito Alemán

Foto con mi tio en la antigua Checoslovaquia. No es en Alemania pero es en el mismo verano del relato.

Mi pobre y querido tío siempre quiso expandir mis límites, y uno de sus intentos fue con el deporte.  La primera vez  fue cuando yo tenía once años y estaba pasando unas vacaciones en Alemania, en donde él estaba viviendo con su pareja de entonces, Ingrid. Eran las fiestas en Munich y recorriendo las atracciones me empeñé en montar en un caballo de esos que daban vueltas en un círculo. Hoy en día es muy triste ver a esos pobres animales dando vueltas y vueltas y espero que ese tipo de atracciones desaparezcan, pero estamos hablando de los años setenta, es decir, otro mundo.  En parte, la culpa de mi obsesión por subir a la grupa de un caballo fue de una de mis lectura favoritas de adolescente, una serie de libros cuya protagonista, que daba el nombre a la serie era Jill, una jovenzuela que descubría en los caballos la pasión de su vida; incluso me dio por comprarme figuritas de caballos de porcelana de distintos colores, aun conservo alguna. Cuando leía estas historias me imaginaba trotando y galopando por campos verdes surcados por arroyos y centelleantes lagos, invadida por una exultante emoción.

Uno de los libros de Jill, escrito por Ruby Ferguson

Así que me monté. Es una lástima, pero que distinta era la realidad de lo que mi mente imaginaba. Siempre había visto en las películas a los vaqueros sujetando las bridas y pensé, bueno, así me podré agarrar a algo. No fue así, te ayudaban a subir a la montura que tenía una especie de saliente que quedaba entre tus piernas y tenías que agarrarte ahí. Me pasé todo el tiempo que duraba la atracción llorando como una loca y diciendo ¡quiero bajar, por favor, por favor quiero bajar…que alguien me baje! Los alemanes, no me entendían y hasta les hacía algo de gracia y mi tío, que como he dicho antes quería expandir mis límites negaba con la cabeza y tuve que aguantar hasta el final. Por supuesto no he vuelto a subir a un caballo en mi vida, aunque tengo que reconocer que el trágico accidente de Christopher Reeves, el atractivo actor que hacía de Superman tampoco me ayudo mucho a superar mis miedos ecuestres. Eso sí me siguen gustando mucho los caballos y he les he fotografiado con mucho cariño, no he superado mi miedo a montar, pero veo las fotos y es un consuelo.

Caballos en el campo. Photo by Marina Carresi

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Diario de viaje. Mi Oxford particular en 26 imágenes. Travelogue: Mi Own Private Oxford in 26 images. 2ª Parte – Part 2

We are off – photo by Marina Carresi

7. Nos vamos a buscar cositas interesantes. Nick siempre va delante y nunca oigo lo que me dice.

We go to look for interesting things. I can’t hear anything Nick says because he is always three paces ahead of me!

Summertown charity shop photo by Marina Carresi

8. Me encantan las tiendas de ONGs en Inglaterra (Oxfam, Save the Children, Blue Cross, etc.). Puedes encontrar cosas increíbles y a la vez tu dinero sirve para una buena causa.

I love English charity shops (Oxfam, Save the Children, Blue Cross, etc); you can find incredible things there and at the same time your money is put to good use.

Books & tea photo by Marina Carresi

9. Un descubrimiento. Una librería de segunda mano llena de sorpresas. Nick prepara una taza de té mientras yo me asombro recorriendo sus mágicos rincones.

A second-hand bookshop full of surprises. Nick is making a cup of tea while I discover its secret nooks and crannies.

Home again photo by Marina Carresi

1o. Otra vez en el jardín descansando después de andar por todas partes durante horas y esperando con ganas la deliciosa comida que nos prepara Christine.

Back in the garden – having a rest after walking around for hours and looking forward to another delicious meal cooked by Christine.

Sculpted stone – piedra esculpida photo by Marina Carresi

11. Esta piedra esculpida tiene historia. Nick y su hermano lo encontraron cavando en el fondo del jardín cuando eran niños. Esta piedra para mi simboliza Oxford, una ciudad atemporal.

Nick and his brother dug up this sculpted stone at the bottom of the garden when they were kids. This stone is symbolic of timeless Oxford for me.

Picture by Nicholas Franklin – photo by Marina Carresi

12. – Por favor, déjame llevar este cuadro a Madrid!

– No hay espacio en el equipaje.

Cada vez que abro el armario del dormitorio y veo este impresionante cuadro que Nick hizo hace años, pasa esto. Creo que es una obra de arte y que merecería estar en un museo.

M: Please let me take this picture back to Madrid!

N: There is not enough room in our luggage.

This conversation takes place every time I open the wardrobe in the bedroom and see this astonishing picture Nick painted many years ago. I think it’s a work of art and it should be in a gallery.

 

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¡Y he aquí que era un sueño! o Rhoda Broughton viene a visitarnos

Cubierta ¡Y he aquí que era un sueño! (Rhoda Broughton)En la presentación del libro ¡Y he aquí que era un sueño! de Rhoda Broughton (1840-1920) tuve la suerte de que gracias al número 13 (quién lo iba a pensar) me tocara el único ejemplar que se sorteó. Y de verdad fue una suerte. El libro me ha encantado, no soy asidua lectora a este tipo de relatos, pero después de leerlo puede que me convierta en toda una aficionada. A pesar de estar escritos en el siglo XIX me han resultado muy actuales. El lenguaje es directo y con un gran sentido del humor aunque eso no influye para que algunos de los relatos sean terroríficos como El hombre de la nariz o ¡Y he aquí que era un sueño!, inquietantes como Bajo la capa o Día de renta o puramente fantasmagóricos, que creo que son mis favoritos, porque tienen un toque melancólico que me emociona como Pobre hermoso Bobby y Lo que significaba.

La traducción por parte de Irene Muñoz Serrulla es magistral ya que consigue que textos escritos hace un siglo y medio nos resulten sorprendentemente cercanos. Cada relato va acompañado de una ilustración en blanco y negro que te sumerge en la atmosfera de la historia que vas a empezar. La edición de la editorial Huso es bonita y muy agradable para leer. Debe haber muchas escritoras que ignoramos y es fabuloso que tengamos la oportunidad de  conocerlas y de poder apreciar sus obras. Espero que poco a poco vayan saliendo a la luz para que podamos disfrutar con sus historias.

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Los Libros de Ani y el Fuego de la Intolerancia – 2 – Los Guerreros de la Reconstrucción Solidaria

Dedicado a Ana Adarraga y su fantástica librería ALIANA que hoy se ha convertido en la mejor librería de libros de cocina de Madrid y que en mi adolescencia fue mi segundo hogar.

Foto cedida por la librería Aliana

Foto cedida por la librería Aliana

Al día siguiente me acerque a la librería, los cristales del escaparate y la puerta estaban rotos, así que para proteger lo que quedaba, enviaron a una pareja de “grises”, es decir policías que por esa época vestían uniformes de color gris. Me asusté un poco porque eran ellos los que corrían con sus porras en las manifestaciones detrás de nosotros, los estudiantes, en aquella época. Poco a poco, vista la situación me fui relajando, ya que Pati el más revolucionario del grupo estaba sentado con otros amigos en una banqueta jugando al mus con los policías. Me quede muy sorprendida, por el tono amigable y cuando los policías se despidieron, no recuerdo si venía otro relevo o cuál era la situación, Pati hacía bromas con uno de ellos sobre la porras que ambos tenían y me asombré de la osadía de Pati enseñando al policía la porra que tenía para defenderse de los “fachas”. Como se acercaba Navidad y Ani tenía que vender para poder recuperar su librería, decidimos que los enemigos de la cultura no podían ganar, así que como guerreros bajo juramento para proteger la cultura, la libertad y ayudar a Ani, que tanto nos había dado, contra tan enorme injusticia, nos pusimos manos a la obra. Primero había que rescatar todos los libros que estuvieran en condiciones y guardarlos en alguna parte y dejar la librería vacía para poder hacer los arreglos pertinentes y pintarla, así que José ofreció un piso que sus padres tenían vacío y empezamos a llevar los libros con unos carros que nos dejaron el supermercado. Había montones y montones de libros y tardamos un par de días creo, pero no recuerdo muy bien. Poco después, los vecinos del piso de abajo se quejaron de que se les estaba hundiendo el techo y tuvimos que buscar otra solución. El cura que se encargaba por aquel entonces de una iglesia que había cerca de la librería, no eran todos reaccionarios, ofreció un espacio dentro de la iglesia y tuvimos que coger todos los libros del piso, y llevarlos a una parte de la iglesia, en la sacristía, donde estarían sanos y salvos. Fue una etapa preciosa, todos unidos en una misión, que Ani pudiera vender libros en Navidad, o por lo menos para los Reyes Magos. Muchos días cuando terminábamos de ayudar, nos íbamos todos a casa de Ignacio y jugábamos juegos de mesa no sé si era el Trivial, el Risk o cual, (maldita memoria) y escuchábamos discos de Les Luthiers entre otros hasta las tantas de la noche, porque además como estábamos de vacaciones era más fácil. Yo tenía algunos problemas con mis padres porque llegaba tarde a casa, así que eso lo solucionaba quedándome a dormir en casa de Ana y Arancha. Pati también se quedaba y aunque por entonces tenía 24 años era tan niño como nosotras que teníamos 16 o 17. Allí jugábamos a las cartas, y a un juego bastante tonto que nos encantaba. Uno se ponía en medio con un sombrero y dos a los lados tenían que tirarlo. No me acuerdo de las reglas pero era divertido y nos dormíamos a las tantas de la noche siempre intentando no despertar al padre de Ana que se ponía de un humor terrible cuando le despertábamos. Otras veces nos íbamos al parque con un par de litros de cerveza, pipas y patatas de la patatería, que entonces afortunadamente era legal, y ahí charlábamos y discutíamos de política. Había ideologías de izquierdas para todos los gustos, socialistas, anarquistas, troskistas, comunistas… Yo me quedaba embelesada escuchando, todos habían leído tanto y sabían tanto, pero mis simpatías se inclinaban hacía la anarquía y sobre todo me identificaba con la idea de que la cultura es imprescindible y que si todo el mundo tuviera educación y cultura no haría falta un gobierno. Un poco inocente con lo del gobierno, si, pero sigo pensando que a una sociedad con educación y cultura no se la puede engañar tan fácilmente. A veces cuando estábamos en el parque Juan, el hermano de Pati que era camionero, por gusto, y amaba a su camión con el alma decía – Bueno chicos, me voy que va a pasar el Talgo de Barcelona. Y desaparecía. Un día que estuve en la casa de sus padres, donde vivía y descubrí que tenía una habitación con todas las vías de tren inimaginables. Era la maqueta más extraordinaria que he visto nunca con sus trenes eléctricos, estaciones, en fin era una auténtica pasión y él lo vivía como si fuera el jefe de estación de ese pequeño mundo que se había creado. Era feliz y siempre estaba alegre. Cuando llegaba a la librería te veía y te daba un manotazo, cariñoso en la espalda. A mí me llamaba Clarita porque decía que le recordaba al personaje de dibujos animados de la serie de Heidi. Fue una de las pocas personas que me escribió una carta cuando murió mi madre y fui dejando el momento para contestarle, luego ya era tarde y lo siento, porque se lo agradecí mucho en mi corazón. Pero volviendo a la librería ¿sería posible reconstruir esa librería, tal como la veis en la foto o por lo menos conseguir volver a vender para no tener que cerrarla?

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