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Fuego de Vida y Muerte

Photo by USMC-090603-M-2016L-006

El fuego trajo la civilización, nos ayudó a convertirnos en lo que somos hoy. Dejamos de pasar frio, de comer carne cruda y nos ayudó a espantar a los peligrosos animales que nos devoraban. Gracias al fuego empezó el arte en las cuevas y su hipnótica magia dio lugar, posiblemente, al origen del sentimiento religioso. Nos dio luz para que pudiéramos sobrevivir y evolucionar. Todavía existen religiones como la de los Parsis que lo veneran. Siempre me pregunto cómo es posible que herramientas que son tan útiles para que nuestra vida sea mejor, se conviertan en un motivo de destrucción tan letal. El fuego sigue siendo un poder muy útil, pero al mismo tiempo conserva su aspecto sobrenatural ya que es una fuerza de la naturaleza que a duras penas podemos controlar.

Recientemente hemos visto como en Londres ardía la torre Grenfell, en un tiempo record, llevándose un montón de vidas por delante. También hemos visto en unas imágenes devastadoras de como en Portugal han muerto atrapadas en la carretera personas que horas antes estaban llenas de vida y de futuro. En Andalucía, en las cercanías del Parque Nacional de Doñana,  han tenido que desalojar hasta ahora a más de dos mil de personas. Han podido salvar a algunos animales pero no sabemos cuántos pueden haber perecido. Lo que ya se sabe es que uno de los pocos linces que quedaban, ha muerto a causa del estrés cuando intentaban rescatarle. No se sabe más ya que el incendio todavía está activo.

Esta situación me hace plantearme varias preguntas, la primera es ¿qué diablos nos pasa a los humanos? Dijeron hoy en las noticias que el 95% de los incendios son provocados por las personas, intencionadamente o por descuido. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta que con el cambio climático, cuyas terribles consecuencias son imprevisibles, las temperaturas van a aumentar más todavía creando una sequía sin precedentes y aumentando el riesgo de incendios de forma considerable. Pero aun así no dejamos de votar a políticos que creen que el cambio climático no existe o a otros que por fin se ha dado cuenta de que existe, pero que les da igual porque sus políticas han destruido la posibilidad de abastecernos de energía solar, que haría que las emisiones de CO2 bajaran y por lo tanto el calentamiento global disminuyera.

Así que me pregunto ¿hasta cuándo vamos a votar a gente que destruye nuestro planeta? ¿Cuándo vamos a hacer una relación entre los políticos que votamos y sus políticas que facilitan que estemos llegando a temperaturas de 45ºC en junio?  ¿A qué estamos esperando para darnos cuenta del peligro para nuestras vidas y las de nuestros hijos?

Por otra parte pienso que los seres humanos en general somos maravillosos y cuando hay una catástrofe como en Londres, ayudamos con todo lo que podemos materialmente y espiritualmente. Lo que no entiendo es de dónde salen las personas que provocan un incendio. Hace poco me enteré que cuando en Seseña (Toledo) se quemaron cerca de 90.000 toneladas de neumáticos poniendo en peligro la vida de todas las personas que vivían en las urbanizaciones colindantes, todo fue por una venganza. ¿Dónde está la empatía en seres humanos que son capaces de poner en riesgo la vida de cientos de personas por una venganza personal? ¿Dónde está la empatía, o mejor dicho el cerebro, de alguien que se pone a quemar rastrojos sin tomar precauciones, para  que el fuego no se extienda y no quede la más mínima chispa cuando abandona el lugar? Por no hablar de los que queman el monte para sacar beneficio, sin pensar en las vidas que pueden estar poniendo en juego y todos los pobres animalillos que mueren abrasados por su avaricia. Luego están los excursionistas que a lo mejor tienen su casa brillante como “los chorros del oro” pero en el campo, que es la casa de todos tiran botellas que pueden provocar un incendio en un suspiro.

by NARA 515437

¿Tiene todo esto solución? Creo que sí.

  1. Votemos a partidos que promueven energías limpias y empecemos a relacionar a quienes votamos con lo que pasa después.
  2. Cambiemos las leyes para que los especuladores no se puedan aprovechar de los incendios.
  3. Dotemos de medios suficientes a nuestros heroicos bomberos, ya que las temperaturas tan elevadas pueden ponernos en peligro constante y ellos saben lo que hace falta para que estemos a salvo.
  4. Tengamos sentido común y pensemos que no estamos solos en el mundo y que cuando encendemos un fuego, un cigarro o tiramos basuras en el monte estamos arriesgando la vida de adultos y niños indefensos. Está muy bien ser solidario cuando hay una catástrofe, pero es mejor evitar que ocurra.

26 Junio 2017

 

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Enigma

Imagen : Author – Deliberate (wiki – commons)

¿Qué puede hacer la penumbra,

cuando dos luces la acunan?

Dos luces y una sombra.

¿Qué clase de engendro es este,

que va a devorar la tierra

con la luz de su mirada?

Por favor, no me preguntes,

no me preguntes nada.

 

Escribí este poema hace tiempo y me resulta tan enigmático como su título.

Marina 2017

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Open, la Isla Abierta

Una isla de mujeres poderosas. Photo Marina Carresi (retoque Nick Franklin)

Una isla de mujeres poderosas. Photo Marina Carresi (retoque Nick Franklin)

Dos hermanas luz y vida

deciden su camino,

crear su propia isla

de mujeres que gobiernan.

Dejan caer el ancla

de su flamante navío,

aceptando de otros mares

extranjeros peregrinos.

Marineras, no marinos,

la tripulación manejan

con sonrisas y trabajo

sujetando bien las velas.

Me gusta su isla flotante

con su nombre sin fronteras,

me gusta su hermosa isla

Open, la llaman, abierta.

 

Dedicado a mis amigas de Open School of Languages

por estar siempre ahí para echarnos una mano cuando lo hemos necesitado.

Febrero 2017

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Supervivientes

Buscando un hueco para sobrevivir - photo Marina Carresi

Buscando un hueco para sobrevivir – photo Marina Carresi

Hermosas supervivientes

se abren paso entre las piedras,

arrancando la luz entre las sombras.

Valientes  y salvajes,

delicadas pero fuertes,

ellas, como tú nos recuerdan

que la luz de la vida

se abre paso en los pequeños huecos.

Este poema está dedicado a mi amiga Sara Moros.

Febrero 2017

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Mi Foto con Sara Montiel o Jarrapellejos Mon Amour

Sara Montiel y yo en el centro. Fotografía por Lola Heras

Sara Montiel y yo en el centro. Fotografía por Lola Heras

Conocí a Sara Montiel cuando vino a casa para charlar con mi padrastro Pedro Amalio López de un programa que él iba a dirigir y en el que ella iba a ser la protagonista. Me pareció una persona cercana y agradable. El personaje con el que solía aparecer en televisión era eso, un personaje. María Antonia vestía muy informal y cómoda, sacó uno de sus puros y se lo fumó en el salón mientras charlaba amigablemente con mis hermanos y conmigo preguntándonos lo qué hacíamos, qué estudiábamos y lo que nos gustaba.

Finalmente el programa  lo dirigió otro realizador y no volví a ver a Sara en bastante tiempo. Mientras tanto, yo seguía en mi lucha para ser actriz y fui seleccionada para hacer un pequeño papel en la película “Jarrapellejos” (1988) dirigida por Antonio Giménez Rico. La película estaba basada en una novela de Felipe Trigo escrita en 1914. Bueno, estaba y sigue estando porque se puede encontrar en DVD o en internet. La historia tiene lugar en un pueblo de España donde un horrible cacique interpretado magistralmente por Antonio Ferrandis (nada que ver con su adorable personaje de Chanquete) tiene un control absoluto sobre la vida de sus habitantes. Las mujeres salen especialmente perjudicadas, pero no voy a contar la película por si alguien quiere verla. Es una buena película.

Tiempo después, justo acababa de independizarme y sin saber muy bien qué iba a ser de mi futuro, me invitaron a la Premiere de cine que se organizaba en Mallorca y en la que iba a estar presente una representación de la película Jarrapellejos. El director y algunos de los actores, junto con otros de los premiados, fuimos en un pequeño avión particular desde Madrid.  Estábamos alojados en un hotel, cuyo nombre no recuerdo, en el cual nos agasajaron con todo tipo de delicias culinarias y nos trataron estupendamente; el único problema era que, al ser invierno, en las habitaciones hacía un frío de mil demonios y yo con mis 48 kilos que pesaba por aquel entonces, tuve que prepararme un baño caliente y quedarme ahí hasta la hora de la entrega de premios. Cuando llegamos al lugar del evento vi que estaba Sara Montiel y la salude con la mano. Alguien estaba viendo la escena y se me acercó. Era la tía de Dámaris, una vecina y amiga de mi hermana en aquella época.

-Hola Marina, soy Lola la tía de Dámaris y estoy haciendo las fotos de la Premiere (creo que la revista para la que trabajaba, que es la que sale en la foto, era Diez Minutos) ¿Conoces a Sara Montiel?

Yo estaba un poco sorprendida, siempre he sido muy despistada y en ese momento no sabía muy bien qué decir. De hecho no tenía idea de que la tía de Dámaris era fotógrafa.

  • Sí, bueno, un poco pero…

No me dio tiempo a decir nada más, me llevó hasta donde estaba Sara Montiel y le preguntó: ¿puedo hacerte una foto con Marina Carresi? Sara, amablemente, contestó que no faltaba más. Puso su mano sobre mi hombro, como podéis ver en la foto. Cuando una está intentando ser actriz, ese tipo de gesto, no tiene precio. Pero si no hubiera estado ahí Lola Heras, la fotógrafa, nunca hubiera sucedido. A veces el destino se comporta de forma caprichosa y nos da agradables sorpresas.

En mi personaje de una joven de la Joya, en Jarrapellejos.

En mi personaje de una joven de la Joya, en Jarrapellejos.

Para terminar este relato de coincidencias o juegos malabares del destino cuando conocí a Nick J Franklin, que se convertiría en mi marido, le comenté que había participado en la película Jarrapellejos. El entonces casi no hablaba español pero de pronto desapareció y volvió con  una revista bastante extensa cuyo título era Official Programme del 32nd London Film Festival, se puso a buscar entre las páginas. Yo le miraba asombrada sin saber qué estaba pasando. Al llegar a  la página 95 me dijo ¿Is this the film you performed in? (¿es esta la película donde actuabas?) y ahí, en la página 95 estaba yo, en una foto coral de la película. El, en Londres, ya me había visto un año antes de conocerme. La vida ¿no es increíble?

Febrero 2017

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La Casa de Muñecas de Sandra y su Regalo Americano

 

photo by Marina Carresi

photo by Marina Carresi

Cuando tenía siete años nos fuimos a vivir a un piso en un barrio nuevo, considerado por aquel entonces, como uno mejores de Madrid. Dejé mi amada terraza del domicilio anterior con cierta pena, ya que era tan grande que incluso cabía una pequeña piscina, bueno yo la llamaba así aunque en realidad era un poco mayor que una bañera pero para mí y para mi delirante imaginación, lejos de mi querido Mediterráneo, era una fantástica solución para ponerme mi bikini y soñar que estaba retozando entre las olas. La nueva casa, con la perspectiva de mi tierna edad era enorme, casi un palacio. La terraza era más pequeña pero se compensaba con una estupenda chimenea que daba  calor en invierno y el olor de los troncos ardiendo te transportaba a  Suiza mientras leías la historia de Heidi mucho antes de que aparecieran los dibujos japoneses.

En esa casa nació el primero de mis hermanos y yo pasé definitivamente a segundo plano. Dado que mis padres estaban trabajando a todas horas, nunca estuve muy en primer plano, pero ahora era simplemente un incordio. Eso sí, mi abuela me cuidaba de maravilla con mucho amor y deliciosas comidas: albóndigas, croquetas, puré de pueblo con ajo y pimentón, paella, cocido, canelones, etc. De mi no se podrá decir “no tienes abuela” porque ella me enseño que “quien bien te quiere…” no te hará llorar sino que te preparará una comida llena de cariño y te protegerá de un mundo que en muchas ocasiones es hostil.No conocí a ningún vecino en la casa anterior, volvía tarde del colegio, mi abuela me preparaba un sandwich caliente con jamón de york y un queso que se llamaba Zip y que estaba en un paquete que parecía más un acordeón que una cremallera, como uno podía suponer. Muchas veces lo comía mientras veía “El Hombre y la Tierra” de Félix Rodríguez de la Fuente y luego me iba a la terraza a jugar o si hacía frío leía cuentos, pegaba cromos de mi colección de dinosaurios o de Vida y Color, dibujaba sirenas, o jugaba con mi juego favorito, el Exin Castillos. El Exin Castillos era genial podías construir auténticos castillos con sus torreones circulares, sus rojos tejados puntiagudos  y en mi caso, poblarlos con los muñecos de Asterix que te regalaban en los chicles Dunkin y crear historias increíbles con Obelix, Idefix y Cleopatra visitando un imponente castillo medieval.

Todo esto cambió en la nueva casa, no es que ya no jugara con mis cosas, pero mi madre estaba más en casa aunque preparándose para ser madre otra vez después de ocho años. Mi abuela, aunque seguía cuidándome estaba también ayudando a mi madre así que empecé a entrar en contacto con la vecindad. En el rellano había cuatro puertas y en la puerta de enfrente vivía una mujer mayor adorable, era italiana y de vez en cuando me traía deliciosas porciones de pizza. Cuando sonaba el timbre y oía su voz, con ese dulce acento tan característico de las italianas, empezaba a relamerme y no paraba hasta haber acabado con el suculento manjar. A la izquierda de la mujer italiana estaban mis vecinos Sandra y Marcos. Los conocí cuando tenía 8 o 9 años. Ella era tenía el pelo negro con una lustrosa melena y era más baja que yo. Sus padres eran americanos. El era militar y estaba destinado a la base de Torrejón. Su casa para mí era un lugar mágico y sobre todo un oasis de paz dado el nerviosismo familiar debido a los numerosos cambios acaecidos (esta palabra parece de otro siglo, pero me gusta). En casa de Sandra, cuando se olvidaban de que yo estaba ahí, hablaban en inglés y a mí me parecía estar en otro mundo. Su madre era muy amable conmigo y a veces me daba a probar pasteles exóticos y cosas americanas que yo no había visto en mi vida. A su padre no lo recuerdo apenas, casi siempre estaba trabajando. Sus juguetes eran alucinantes pero sobre todo yo estaba enamorada de una casa de muñecas de madera que era enorme. Tenía los muebles de madera también, las habitaciones de Hogarín que yo tenía no eran nada comparable, un dormitorio de los niños, eso sí con literas y un cuarto de baño. Aunque a decir verdad, incluso con sus muebles de plástico también fueron juguetes muy entretenidos pero ¡ay, la casa de muñecas de Sandra era inimitable, por lo menos en la España de principios de los setenta! A veces jugábamos con Marcos y como era más pequeño, le obligábamos a seguir nuestras instrucciones por muy absurdas que estas fueran, sobre todo las mías porque en esa época mi imaginación no tenía límites. Recuerdo una vez que estando en mi casa inventé un juego en el que estábamos en una ciudad en guerra, caían bombas y teníamos que escondernos. El juego para mí era tan real, que aun hoy, más de cuatro décadas después lo recuerdo como si fuera ayer. En su televisión, misteriosamente había programas y dibujos en inglés. En aquella época yo no entendía ni palabra, pero todo me parecía nuevo y fascinante. También tenían un tocadiscos y discos como los que se ven en la foto. Obviamente tampoco entendía las canciones pero me parecían alegres y llenas de color. Estaba acostumbrada a oír a mi abuela cantar “La Zarzamora” con una letra tan optimista como: que tiene la Zarzamora que a todas horas llora que llora por los rincones, o los discos de mi madre encabezados por Edit Piaf con su alegre Rien de Rien, o las dulces canciones infantiles como: yo soy la viudita del Conde Laurel que quiere casarse y no encuentro con quién, eso sin hablar de las cursiladas románticas que empezaron a aparecer en televisión … en fin, una retahíla de dramones poco estimulantes para el proyecto de mujer que era yo. Esas canciones americanas, aunque no las entendía eran como campanillas para mi espíritu y al oírlas te daban ganas de vivir. Supongo que esta experiencia me marco para siempre. Me hizo ver que existían otros mundos diferentes al mío llenos de vida y de misterio. Me hizo ver que no hay que tener miedo a otras culturas, a la gente de otros países, a los otros. Sólo tenía que salir al rellano y ahí estaban los otros abriendo su casa y un nuevo mundo para mí. No recuerdo bien cuándo me regalaron los discos, probablemente volvieron a América o destinaron a su padre a otro país. Me imagino a Sandra despidiéndose de mí dándome un abrazo y regalándome esos discos para que no la olvidara. Aquí están los discos Sandra, como puedes ver tu idea funcionó. No te he olvidado.

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¡Y he aquí que era un sueño! o Rhoda Broughton viene a visitarnos

Cubierta ¡Y he aquí que era un sueño! (Rhoda Broughton)En la presentación del libro ¡Y he aquí que era un sueño! de Rhoda Broughton (1840-1920) tuve la suerte de que gracias al número 13 (quién lo iba a pensar) me tocara el único ejemplar que se sorteó. Y de verdad fue una suerte. El libro me ha encantado, no soy asidua lectora a este tipo de relatos, pero después de leerlo puede que me convierta en toda una aficionada. A pesar de estar escritos en el siglo XIX me han resultado muy actuales. El lenguaje es directo y con un gran sentido del humor aunque eso no influye para que algunos de los relatos sean terroríficos como El hombre de la nariz o ¡Y he aquí que era un sueño!, inquietantes como Bajo la capa o Día de renta o puramente fantasmagóricos, que creo que son mis favoritos, porque tienen un toque melancólico que me emociona como Pobre hermoso Bobby y Lo que significaba.

La traducción por parte de Irene Muñoz Serrulla es magistral ya que consigue que textos escritos hace un siglo y medio nos resulten sorprendentemente cercanos. Cada relato va acompañado de una ilustración en blanco y negro que te sumerge en la atmosfera de la historia que vas a empezar. La edición de la editorial Huso es bonita y muy agradable para leer. Debe haber muchas escritoras que ignoramos y es fabuloso que tengamos la oportunidad de  conocerlas y de poder apreciar sus obras. Espero que poco a poco vayan saliendo a la luz para que podamos disfrutar con sus historias.

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